El Chefs(in)Club se va animando, en la sesión de junio tuvimos algunas caras nuevas, de momento en tránsito pero, con lo bien que se lo pasaron, no me extrañaría que se ampliara el grupo de aprendices de cocinero fijos. Entre los recién llegados estuvieron Ana Rodríguez, la divertida peluquera pelirroja; Belén, la cocinera de Los Platos de Soto; María Antonia, banquera jubilada, viajera y foodie; y Jordi Sureda, asesor de cocina de Allsun Hoteles, fueron las novedades. Está muy bien conocer gente nueva, siempre aportan algo.
El chef para la ocasión fue Dani Carrillo, zamorano afincado en Mallorca desde hace unos 13 años. Creció en un bar de pueblo y, ante la falta de interés en los estudios empezó a trabajar en el bar desde joven. Su pasión por la cocina lo llevó a realizar varios stages para formarse y seguir aprendiendo: Ticolet, en Baqueira, Ibiza, Kuala Lumpur, y Coque, con Mario Sandoval, donde conoció a su mujer, de origen coreano. Para rebajar la presión, la exigencia y el estrés, decidieron venir a Mallorca, y se incorporaron a Can Pintxo, en Sóller.
La nacionalidad y la cultura de su mujer ha condicionado el estilo del chef, su cocina. “Cada año viajamos varias veces a Corea. “Nos encanta su gastronomía, y en la familia de mi mujer cocinan de maravilla. Hacemos viajes súper gastronómicos. Seúl es muy grande, hay cientos de opciones muy interesantes y vamos probando. Incluso hemos hecho parada en algún país cercano, como Japón, para ampliar nuestra experiencia culinaria”.
Este bagaje es lo que ha ido aportando Dani a Can Pintxo. El origen del bar era vasco, con sus pintxos de toda la vida, pero, conservando la esencia del lugar, se ha ido transformando en en un sitio con más enjundia, en una taberna ilustrada, en la que los pintxos tienen algo de gamberro y mucho de atrevidos e innovadores, excelente cocina, con producto local y en formato pintxo, tapa o platillo. Todo esto es lo que nos demostró en el aula Quknia by Alvarez, un espacio profesional diseñado para crear, probar y compartir experiencias gastronómicas, y donde cada tercer miércoles de mes nos divertimos cocinando.
Vamos a por el menú, que empezó con sorpresa. El chef, que hacía unos días había protagonizado el ronqueo de un atún de 50 kilos, se presentó con una espina de un enorme atún rojo a la que le quedaban unas cuantas raciones de “carne” para aprovechar. El más laborioso de la clase, Isidre, se rodeó de un par de colaboradoras, y con una cucharilla fue sacando lo último que le quedaba al bicho que había pesado 300 kilos. El resultado, veinte excelentes raciones de Tartar de Atún, servidas sobre veinte de sus vértebras
Después vinieron unos bien trabajados Raviolis de pollo con espuma de queso (yo mismo estuve en el “equipo ravioli”). Utilizamos pasta para gyozas con las que hicimos unos cappelletti perfectos, que rellenamos de una farsa de pollo campero asado, sofrito, brossat, y almendra tostada. Los napamos con una crema de queso semicurado de Menorca (el toque mágico) y decoramos el conjunto con trocitos de piel de pollo crujientes. Bonissim!
En el siguiente plato el chef sacó a relucir su pasión por la cocina asiática, coreana para más señas, el Saam de panceta con caramelo de limón fue una explosión de sabores. Soy un fan de la panceta, sobre todo hecha poc a poc, melosa. Dani le dio muchísima chispa cocinándola con jang (pastas y salsas fermentadas tradicionales de la cocina coreana), miso, jengibre, café y pimienta, y salseándola dentro de la hoja de lechuga con un caramelo líquido a base de zumo de limón, citronella, ajos, azúcar y salsa de la cocción de la panceta. ¡Excelente!
Finalizamos con un Brownie & Ganache. Con chocolate 70% hicimos el brownie y una ganache. Colocamos el brownie en una terrina comestible de galleta, le añadimos unas cookies hechas al momento, acompañamos con una quenelle de ganache y coronamos con unas gotas de aceite de oliva y sal Maldon, toque final muy adecuado.
Para acompañar estas excelentes elaboraciones contamos con vinos de la micro bodega alternativa Soca-Rel, que produce vinos ecológicos con uvas autóctonas, siempre con la mínima intervención y respetando totalmente el medio ambiente. Un proyecto joven, de baja producción pero lleno de energía y pasión.
Pep Rodríguez y su hija María nos propusieron tres tintos, todos llevan el nombre Soca-Rel y lo que cambia es la variedad de uva. Para el tártar de atún y el picoteo de paté y fuet que nos trajo Catalina Juan, de elaboración propia, probamos un Manto negro con un poco de Fogoneu, con fruta roja muy expresiva aunque con poco cuerpo; continuamos con un monovarietal Escursac, más complejo, con más sabores y aromas; y finalizamos con un Escrusac, Manto negro y un poco de Fogoneu, que tenía madera, más redondo.
Menorca, 26 de junio de 2026











