Rutas, Restaurantes

Son Marroig y Miramar

 
  • Dificultad: baja. Acceso a las posesiones en coche y visita a pie de las casas y su entorno.
  • Duración: 3 horas.
  • Longitud: 2,5 Km desde el punto 1 (posesión de Miramar) al punto 2 (Son Marroig).
  • De interés: ambas posesiones se pueden visitar y albergan sendos museos dedicados a la figura del archiduque Luis Salvador. Además, Miramar recuerda también la figura de Ramon Llull.
  • Chefs(in) en la ruta:

 

Introducción

Las posesiones de Miramar y Son Marroig se asientan sobre uno de los paisajes más bellos de la isla. Son dos de las posesiones más espléndidas de Mallorca, tanto por sus características físicas como por su historia. En la actualidad, ambas acogen sendos museos dedicados a la figura del archiduque Luis Salvador y en los que también se realizan ciclos de conferencias y jornadas de estudios sobre la figura de Ramon Llull, todo patrocinado por los actuales propietarios.

La magnitud de estas posesiones viene de su relación con dos de los personajes históricos más universales que hemos tenido en las Illes Baleares: el beato Ramon Llull y el archiduque Luis Salvador. Éste compró la possessió de Miramar en 1872 y recuperó también la memoria de Llull y su mensaje de respeto y goce de la naturaleza construyendo numerosos caminos y miradores.

Enamorado de estos lugares, el archiduque invitó a relevantes personalidades de la época a visitarlos, como a la emperatriz Isabel de Austria — Sissi-, quien quedó tan admirada que bautizó con el nombre de Miramar a su yate. El archiduque adquirió Son Marroig en 1877 para completar el proyecto de reconstruir el “Miramar luliano”.

El Archiduque Luis Salvador

Nació en el palacio Pitti, en Florencia, en 1847. Dos años después, una revolución política exilió a toda su familia a la fortaleza de Gaeta, junto a Nápoles. Por aquel entonces, el joven Luis Salvador era ya un muchacho aplicado, despierto y ávido de conocimientos, que se ocupaba preferentemente de las lenguas extranjeras, del dibujo, de las Ciencias Naturales y de la Geografía.

Dedicó gran parte de su vida a los viajes y realizó importantes estudios sobre muchas de las islas del Mediterráneo, especialmente de las Baleares. Se dice de él que hablaba correctamente catorce lenguas entre ellas el griego y el latín. También se dice que era bondadoso, educado y humano con cualquier persona con quién tuviese trato.

El archiduque fue el precursor del turismo en las Illes Balears. A Mallorca llegó por primera vez en 1867, viajando de incógnito bajo el nombre de conde de Neudorf. Tiempo después, fijó su residencia archiducal en la possessió de s’Estaca, la cual sumaba una decena de fincas entre Valldemossa y Deià, adquiridas en torno a 1878. Sus tierras se dedicaron al cultivo de verduras, legumbres, árboles frutales y viñas.

Su amor por la cultura y las artes hizo de él un auténtico mecenas, que ofrecía ayuda, tanto económica como material, a numerosos científicos y artistas. Por Miramar pasaron gentes de toda clase y condición, desde altos cargos de la burguesía hasta campesinos, artistas o eruditos. Destacan las estancias del pintor y escritor francés Gastón Vuillier; los prehistoriadores Bartoli y Cartailhac; el famoso naturalista español Odón de Buen; el botánico y rector de la Universidad de Ginebra Roberto H. Chorat; los también botánicos Carlo di Marchesetti y el Dr. Tretzener; los ornitólogos alemanes Alfred von Jordans y Conde Low; los geólogos E. A. Martel, J. Lambert o L. W. Collet; los pintores Juan S. Sargent, Rotang y Kos Kand; los escritores Margarita D’Este, Jules Leclerk, Johan Fustenbach, Lady Isabel Herbert, Gabriel Alomar y el gran poeta nicaragüense Rubén Darío; el tenor Viñas y el bajo Uetam; el sacerdote-poeta catalán Jacint Verdaguer y el sacerdote-naturalista menorquín Francisco Cardona y Orfila.

También fue visitado por su madre, la Gran Duquesa de Toscana; por la princesa Estefanía, viuda del príncipe Rodolfo; por la Infanta de España Isabel Francisca de Asís de Borbón, “la Chata”; por el Archiduque Rainiero y su hermano Hernesto; por el príncipe de Sevignano y su yerno el príncipe de Pignatelli; por el Gran Duque Waldimiro de Rusia, hermano del Zar; o por el Gran Duque Jorge de Rusia, entre muchos otros.

En 1910, el Ayuntamiento de Palma lo proclamó Hijo Ilustre de Mallorca, y la ciudad de Sóller lo nombró en 1913 Hijo Adoptivo por ceder unos terrenos para uso ferroviario —algo que quedó en proyecto.

En 1915, murió en el castillo de Brandais, en Austria, habiendo nombrado en testamento como heredero universal de todos sus bienes a don Antonio Vives y Colom, su secretario personal y hombre de confianza, a quien conoció en Mallorca y que le acompañó desde 1872 hasta su muerte, y a sus hijos.

Palma bautizó con el nombre de Arxiduc Lluís Salvador la calle más importante del ensanche de la ciudad a principios del siglo XX y en 1953 se levantó un gran obelisco en una plaza que atraviesa con un bajorrelieve de temática mitológica a la memoria de su imagen renacentista.

 

Possessió de Miramar (Valldemossa)

El origen de las casas de Miramar lo encontramos en la época musulmana; se tiene constancia de que fue una alquería llamada Alcorayola.

En el año 1276 Ramon Llull fundó en Miramar un colegio de lenguas orientales, en el cual trece frailes franciscanos se preparaban para predicar el evangelio y el arte luliano a los musulmanes. Desaparecida la institución, arraigó en Miramar el espíritu ermitaño. En 1485 actúa en Miramar la primera imprenta de Mallorca, regentada por Nicolau Calafat.

Hacia 1283, Ramon Llull cita explícitamente Miramar con los siguientes versos:

Remembrant han frares menors
lo Salvador, qui volc vestir
ab si lo sant religiós,
e han fait Miramar bastir
al rei de Mallorca amorós.

Otros versos de Llull hacia 1299:

Lo monestir de Miramar
fiu a frares menors donar
per sarraïns a preïcar.
Entre la vinya e el fenollar
amor me pres, fé’m Déus amar
e entre sospirs e plors estar.

En 1685 la finca pasó a manos del obispo de Oropí, Ramon Sureda, quien la legó a su sobrina, Magdalena Sureda, y esta a su hijo, Marc Antoni Cotoner i Sureda, marqués de Ariany. Por decreto de las Cortes de Cádiz, en 1812 la posesión fue subastada y la compró Gabriel Amengual, el cual traspasó la propiedad al médico Marià Morell hacia 1836. Morell derrumbó en buena parte el edificio del Colegio y la iglesia medievales, que se encontraban en ruinas. Después, la finca pasaría ser propiedad de Joan Serra (sa Pobla).

En 1872, el archiduque Luís Salvador de Habsburg-Lorena adquirió la finca y la reformó. A la muerte del archiduque (1915) la finca pasó al que fue su secretario, Antoni Vives, que no la retuvo demasiado tiempo, ya que murió en 1918. Entonces, la propiedad recayó en su hija, Lluïsa Vives Ripoll, esposa del pintor Antoni Ribas Prats. Actualmente, la posesión pertenece a Silvia Vives, hija del pintor y de Lluïsa Vives.

 

Cómo llegar a la possessió de Miramar

Para llegar a Miramar desde Valldemossa tomaremos la carretera Ma-1130. Giraremos a la derecha por la desviación hacia Deià. Pasaremos la gasolinera, el restaurante Can Costa, Son Galceran, el Hotel la Residencia y, a unos 600 metros, a la izquierda, encontraremos la indicación con el topónimo de Miramar. Entraremos y llegaremos a un aparcamiento donde dejaremos el coche. Encontraremos la entrada al recinto con su taquilla correspondiente.

 

Recorriendo Miramar

El recinto de la posesión de Miramar está abierta a los visitantes. Un primer punto de interés es la almazara, que data del año 1934 y que ha sido modernizada. El recorrido continúa por la sala de mapas del archiduque, donde además de la cartografía encontraremos fotografías y grabados de interés. Desde aquí, el recorrido nos llevará al jardín, donde destaca el fragmento del claustro procedente del convento gótico de Santa Margalida de Palma, que fue desamortizado en el siglo XIX. Está formado por diecisiete arcos góticos trifoliados sostenidos por diecinueve columnas cuadrilobuladas con capiteles con ornamentación vegetal.

El archiduque, en el Die Balearen, nos habla de él diciendo lo siguiente: “Espléndido era el antiguo claustro del convento, que fue derribado durante la primera mitad del año 1866; tres partes de este patio provenían de siglos posteriores al XIII; una parte antigua, del siglo XIII, fue conservada por don Pere de Alcàntara Penya y ahora está colocada en Miramar”.

En la entrada de la fachada noreste se encuentran las columnas medievales de la época de Ramon Llull (1276) y el portal de medio punto. La fachada presenta un bello esgrafiado de la época del archiduque, imitando el modelo de una casa de Establiments. Ya en el interior, encontramos el vestíbulo, la antigua entrada con obras de Bugia, la cocina de los monjes y fragmentos auténticos del barco del archiduque, el Nixe II. A la derecha de la entrada se encuentra la sala que acoge el cenotafio de Vivorny, primer secretario del archiduque. Se trata de una escultura romántica de medida natural, hecha de mármol, que data del año 1879, obrada por el escultor milanés Antonio Tantardini.

La sala del beato Ramon Llull, fundador de Miramar, muestra diversas figuras representativas de su trayectoria. La fachada suroeste presenta un espléndido esgrafiado, además del portal de arco de medio punto y la torre de defensa, de sección cuadrada, a la izquierda. Diversas lápidas recuerdan la existencia de la primera imprenta en Mallorca, la presencia del archiduque y, en la torre, unos versos de Joan Alcover:

Sempre visquí vora del mar,
mes fins avui no el coneixia
sobtadament, a Miramar
m’ha revelat sa fesomia

A la salida de la casa nos dirigiremos por el paseo de poniente hasta el mirador, con preciosas vistas al mar, y al jardín de la Torre del Moro, con el estanque italiano del Archiduque (1872), con hidrias de mármol, y el portalillo gótico procedente de Can Burguès, de Palma. En el margen inferior, podremos observar dos arriates que dibujan sendas estrellas de nueve puntas, las cuales recuerdan las figuras del ars combinandi luliano. El jardín está limitado por muros coronados por almenas. Desde aquí disfrutaremos una de las visitas más encantadoras de la capilla del Beato Ramón Llull, inaugurada en 1877 y que, desafortunadamente, está en ruinas desde 1975 por culpa de un rayo.

Desde el jardín de la Torre del Moro volvemos a subir hasta las casas, al norte de las cuales se encuentra el Jardín de los Cipreses, donde se encuentran unos bancos en forma de cruz lobulada, lugar ocupado antiguamente por la capilla del siglo XIII.

Acabaremos la visita en la capilla, reconstruida por Bartomeu Ferrà a partir de los restos de una de las capillas laterales de la primitiva iglesia del colegio luliano. Fue bendecida el 29 de junio de 1873. Destaca el retablo, en forma de tríptico, presidido por la Santísima Trinidad, flanqueado por Ramón Llull, a la izquierda, y santa Catalina Tomàs, a la derecha. La pintura central es del siglo XVI mientras que los laterales son del maestro alemán Steille. A la izquierda del retablo se encuentra el tabernáculo neogótico diseñado por F. Waschmann y obrado en piedra de Felanitx por el escultor Antoni Vaquer. En el interior acogía una Virgen de plata, regalada por el Papa Pío IX al archiduque.

En la capilla también encontramos un relicario en forma de cruz de madera negra donde van encastadas las reliquias. A la derecha del retablo encontramos la imagen de la Virgen denominada “Notre Dame de la Garde”, obsequio de la emperatriz Sissi de Austria al archiduque tras sus visitas a Miramar de diciembre de 1892 y febrero de 1893. También hay un relicario en forma de arca, decorada con pinturas de Maixner, que contenía, además de las reliquias, unas figuras de los evangelistas y una carta de santa Teresa de Jesús. Son finalmente destacables las estaciones del viacrucis colgadas a media altura por las paredes de la capilla, hechas en París por Pousielgue Rusand.

 

Possessió de Son Marroig (Deià)

La possessió Son Marroig se empezó a llamar así en el siglo XVII. Previamente fue conocida con el nombre de “la Foradada dels Masroig”. En 1624 era propiedad de Gabriel Masroig de la Foradada y en 1685 se valoró en 11.000 libras. En 1863 pasó a la familia Cortei. El archiduque Luis Salvador la consideraba una de las casas mejor situadas de Mallorca, contaba con 68 hectáreas e incluía la Foradada.

A la muerte del archiduque (1915) la titularidad de la finca pasó a Antoni Vives, quien falleció en 1918; entonces la propiedad recayó en su hija, Lluïsa Vives Ripoll, esposa del pintor Antoni Ribas Prats. Actualmente la posesión es de Isabel Ribas Vives, hija del pintor y de Lluïsa Vives.

 

Cómo llegar a la possessió de Son Marroig

Volvemos a salir a la misma carretera en dirección a Deià. A unos 2 kilómetros encontraremos, a la derecha, la indicación con el topónimo Son Marroig. Entraremos y dejaremos el coche en el parquin y procederemos a la visita.

 

Recorriendo Son Marroig

Uno de los elementos arquitectónicos más características de Son Marroig es su torre de defensa, que probablemente date del siglo XVI. Esta torre protegía las casas de las frecuentes incursiones de corsarios, que aprovechaban el abrigo de la Foradada para desembarcar. Es de planta cuadrada, con talud o pie de muralla en la base. El único portal es de arco de medio punto, de pequeñas dimensiones, situado en el lateral norte mirando al portal principal de las casas. La torre cuenta con elementos defensivos, como los matacanes que protegen la puerta de acceso y las ventanas. La cubierta es de tejas, a cuatro crujías.

En época del archiduque, la torre de defensa fue ornamentada con dos ventanas renacentistas, del siglo XVI procedentes de un edificio derruido. Una de sus ventanas se sitúa en el paramento nordeste, mientras que la otra lo hace en el este. Ambas son de dintel, pero la primera presenta las jambas decoradas con temática vegetal, mientras que la segunda las tiene con pilastras con decoración antropomorfa y con la inscripción Carbonell inscrita en el dintel.

La fachada principal, erigida actualmente frente a una carrera cerrada por tres lados, se orienta al nordeste. Tiene un alzado de tres plantas. El portal es de arco de medio punto, coronado por un símbolo religioso: el anagrama de Cristo (IHS). La planta baja, a los lados del portal, presenta dos ventanas rectangulares. En el primer piso hay tres ventanas rectangulares, mientras que en el segundo piso, en el espacio ocupado normalmente por el desván, se abren cuatro ventanas igualmente rectangulares.

A la derecha de la fachada principal se alza el bloque noroeste, que contiene la almazara en la planta baja. En el primer piso hay una gran ventana de arco de medio punto, con balaustrada, rodeada por ventanas balconeras. Más al nordeste sobresale un volumen con una galería neobarroca, con arcos de medio punto (tres frontales y un lateral para cada lado) y una terraza con balaustrada.

Desde la entrada, la primera crujía está ocupada por un vestíbulo con un pequeño portal a la derecha que permite el acceso a una pequeña estancia con una chimenea. El suelo se encuentra empedrado. En la pared de la izquierda se puede observar un mapa de los alrededores de la finca, de finales del siglo XIX. El vestíbulo comunica con la sala de la planta baja, que ocupa la segunda crujía. Esta estancia es de planta rectangular, dividida por un arco rebajado que se encuentra a la izquierda de la entrada, en sentido longitudinal. El techo es de vigas, con jácena transversal. El suelo empedrado, que proviene del vestíbulo, continúa a manera de pasillo hasta el jardín. En la parte sur de la pared de la izquierda, un portal de medio punto daba acceso al antiguo oratorio particular, actualmente desmantelado. La sala aparece guarnecida con bellas piezas de mobiliario y objetos artísticos, especialmente pinturas antiguas, entre las cuales remarcamos el lienzo que representa la Inmaculada entre el padre Castañeda y santa Catalina Tomás.

Como curiosidad, remarcamos una vértebra y una costilla de un gran cetáceo, que nos recuerda el gran interés del archiduque por los temas de la naturaleza. A la derecha, según entramos, hay una escalera que conduce a la planta noble; arranca junto a dos arcos ligeramente rebajados, sostenidos por una columna de tradición jónica situada sobre un plinto.

Ya en el primer piso, entramos en la sala principal, hacia a la izquierda, por un pequeño portal gótico proveniente de una de las celdas de la Cartuja de Valldemossa. Esta sala, de planta rectangular de grandes dimensiones, tiene una destacable cubierta de artesanado de madera con casetones, con una entrada de luz que data de la época del pintor Ribas Prats. Esta gran estancia contiene la mayor parte del fondo del museo del archiduque. Remarcamos los relieves góticos provenientes de la capilla de Galatzó; una vitrina con los libros del archiduque (con una edición original del Die Balearen); una caja del gótico final (con una pintura de la Anunciación); otra caja, esta neogótica, copia de la original que los reyes de Mallorca tenían en el palacio de la Almudaina; una Virgen de alabastro (siglo XVI).

Destaca también una colección pictórica, con obras de Joan Bauçà (Tamborer de la Sala), Anglada Camarasa, Eliseu Meifrèn, Joaquim Mir i Antoni Ribas Prats. De Antoni Ribas Oliver, se puede contemplar una pintura paisajística de Miramar. Del pintor Erwin Hubert, subrayamos los retratos del archiduque y de Antoni Vives. Además, hay diversos objetos ornamentales, cerámica, bordados (como una pieza de Sóller, de 1690), recuerdos personales del archiduque, etc. También encontramos una colección de estatuillas y cerámicas griegas, collares de pasta vítrea púnica, y un busto del Archiduque.

A continuación de la sala principal, hacia el nordeste, con entrada por la misma sala grande, hay otra estancia, denominada “Sala de Ultramar”, que comunica con la galería noroeste, donde podemos contemplar los cinco arcos con columnas toscanas y la balaustrada de dicha galería, así como la vista que se distingue, especialmente hacia el pequeño templo y hacia la costa, con la Foradada. Contiene un retrato del archiduque de joven, una foto del yate Nixe y diversos planos.

Saliendo de la sala principal por el portal gótico, a la izquierda, un pasillo comunica con el primer piso de la torre de defensa, donde observamos la escalera de caracol que sube a los pisos superiores de la torre y una habitación que contiene una cama con dosel. Es una cama de origen portugués, comprada por el archiduque en Llucmajor, y tiene el cabezal de madera jacaranda.

Desde este pasillo, una escalera desciende a la sala de la planta baja. Desde aquí, un portal de arco de medio punto comunica con la parte posterior de las casas de Son Marroig, con el paramento orientado a sureste. Si miramos el portal, a la izquierda hay una ventana renacentista y un reloj de sol. A partir de una pequeña explanada empedrada, se extiende un pequeño jardín con bellos elementos ornamentales y con un pequeño lago. Al lado hay un aljibe, ornamentado con una balaustrada de mármol, actualmente desaparecida en su mayor parte.

El archiduque emprendió una gran reforma en Son Marroig y añadió todo el lateral noroeste. Sobre un gran zócalo ataludado, con ventanas cuadradas, la mayoría de las cuales comunican con la almazara, se alza la planta noble. Centraliza este espacio una bella galería de cinco arcos de medio punto, con columnas toscanas y balaustrada. A ambos lados hay sendas ventanas rectangulares partidas por una pilastra o mainel y, a los extremos, otras tantas ventanas tripartitas. El conjunto sigue el estilo regionalista mallorquín, con influencias italianizantes.

El famoso mirador de Son Marroig es un pequeño templo de mármol de Carrara, concretamente de Seravezza. También el mirador des Galliner es uno de los miradores más conocidos de Mallorca. Se sitúa a la derecha del camino que desde la carretera baja a las casas. Permite gozar de la vista más conocida de la Foradada. Se hizo junto al gallinero de las casas. Consta de dos torretas semicirculares abocadas al vacío, con bancos de piedra situados junto a la pared de protección.

El elemento paisajístico más singular de Son Marroig es la península rocosa de la Foradada.

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